Al escuchar el viento
 
Pensamos que tenemos toda la vida por delante y en un instante se puede convertir en mínima. Y son en esos momentos cuando deberíamos entender el silencio de las palabras para tener la suficiente fortaleza y sentarnos a reflexionar sobre lo que le estamos pidiendo a nuestra existencia; y ser conscientes que nuestra finitud no es dolorosa, sino un camino hacia un encuentro, quizá, con nosotros mismos o, quizá también, con algo que desconocemos.
 
Todo el mundo ha experimentado alguna pérdida a lo largo de su vida. Pero la muerte de un ser querido no tiene comparación con el vacío y la profunda tristeza que produce su desaparición. Y la vida sigue, pero no estamos muy seguros de por qué. Nos encontramos ante una vida diferente. Desde ese momento aprendemos a aceptar la pérdida de un ser querido. Pero también quizá haya muchas razones por las que la muerte no se afronta con tranquilidad. Hoy en día se convierte en algo horrible, solitario e impersonal. El paciente es arrancado de su ambiente familiar y llevado de manera urgente al hospital. Otras veces, casi es tratado como una persona sin derecho a opinar y otras personas toman la decisión de qué habría que hacer. Quizá quiera descanso, paz y tranquilidad… O quizá necesite que una sola persona le pregunte cómo está… O sencillamente su actitud de lucha por la vida sea una muestra de nuestra incapacidad y límite para relacionarnos con un moribundo, con la muerte y con la ausencia.
 

“Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perderemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos”

 
Hellen Keller
 
“Pero tú te quedaste.
Te quedaste
en el vuelo del águila,
en los brazos extendidos
de las madres,
y en sus besos
Te quedaste en las alas que me diste
para que yo aprendiera a volar
suspendida en el viento
de tu nombre”
Inma Chacón

 

 

 

© 2013, Al escuchar el viento, Pasajes Invisibles